Parque Central de Alajuela, cuyo nombre real es General Tomás Guardia, se construyó en el año 1892, en su momento la obra tuvo un costo de 2.700 pesos. Se reconstruyó en el año 1928. Antes de la construcción del parque en esos terrenos existió el primer mercado Alajuelense en el año de 1782.
Manuel Francisco Jiménez Ortiz (1882-1952) hijo de dos familias distinguidas cartagineses y de profesión abogado y además político costarricense, se casa con Isabel de la Guardia. Sus hijos: María Eugenia , Manuel y Adolfo Jiménez de la Guardia.
Se graduó de licenciado en Leyes en la Escuela de Derecho de Costa Rica.
Fue delegado de Costa Rica a la Conferencia de Paz Centroamericana de San Salvador (1907) y vicepresidente de la Municipalidad de San José.
Manuel F. Jiménez Ortiz.
De 1917 a 1918 fue secretario de Hacienda y Comercio, durante el controversial régimen de Federico Tinoco Granados. Estando en este puesto detuvo los intentos de Alfredo González Flores de imponer impuestos que afectaran a la clase dominante. De 1936 a 1937 fue secretario de Relaciones Exteriores y carteras anexas. En 1942 fue nombrado ministro plenipotenciario de Costa Rica en Brasil. Se desempeñó como delegado de Costa Rica a la Conferencia de Paz Centroamericana de San Salvador, realizada en 1907.1
Ingresó a la Academia Costarricense de la Lengua en 1947 (silla E). Publicó las obras La monarquía universal y Las Naciones Unidas.
Empresario cafetero, fue el fundador y primer director del Instituto de la Defensa del Café, hoy llamado Instituto del Café de Costa Rica.
Su residencia:
Su bella residencia en el mismo centro de San José, la cual es terminada en el año de 1905. Casa conformada de varios cientos de metros cuadrados de construcción, sería la obra en que las pretensiones integrales que el Art Nouveau llegarían más lejos en la carrera del artista italiano Tenca y en nuestra ciudad capital. Fue construida entre 1900 a 1905 por el arquitecto, constructor y decorador italiano Francesco Tenca Tedrazzini (1861-1908) influenciado por el Art Nouveau italiano.
La Farmacia Fischel se encuentra en el centro de San José 100 m. oeste de la Iglesia del Carmen, Avenida 3, Calle 2.
Farmacia Fischel comenzó como un negocio familiar en Costa Rica, dedicado al sector salud.
La Farmacia Fischel, con más de 95 años en Costa Rica, ha sido un actor importante en el sector salud. Inicialmente fundada como una empresa familiar, ha evolucionado a través de adquisiciones y cambios de propiedad, incluyendo su adquisición por la Corporación Cefa en 2007 y posteriormente, en 2015, por el Grupo Cuestamoras. Hoy en día, Farmacias Fischel forma parte de Grupo Dökka.
Desglose de la historia:
Adquisición por Corporación Cefa:En 2007, la Corporación Cefa adquirió Farmacias Fischel por US$18.5 millones, lo que marcó un cambio significativo en su propiedad.
Cambio de Propietario: Más tarde, en 2015, el Grupo Cuestamoras adquirió la mayoría de las acciones de la Corporación Cefa, ampliando su influencia en el mercado farmacéutico.
Integración en Grupo Dökka:Actualmente, Farmacias Fischel forma parte de Grupo Dökka, consolidando su posición en el sector.
Impacto:
Farmacias Fischel ha tenido un impacto significativo en el mercado farmacéutico costarricense, contribuyendo a la disponibilidad de medicamentos y productos de salud.
En el centro de San José las casas cedían su lugar a locales comerciales. (Farmacia Fischel – Correo) | ALVARO CASTRO PARA EF. Avenida 3 y Calle 2
Residencia de don Adrián Collado. Bella edificación de madera, estilo victoriano ubicada en Paseo Colón, hoy Purdy Motor. Por muchos años fue la residencia del Nuncio Apostolico. Foto de Manuel Gómez Miralles. 1922. Fotografía del Edificio de Purdy Motor del Financiero.
Quiero compartir con ustedes la biografía de un gran hombre que tuvo la habilidad de capturar aquellos momentos en el tiempo de una Costa Rica de antaño. Un esfuerzo y gusto exquisito por la fotografía y por dejar un legado en la historia de nuestro bello país. Me refiero al señor Manuel Gómez Miralles.
Manuel Gómez Miralles Considerado “el gran cronista gráfico de Costa Rica”, así como uno de los padres del foto-periodismo en el país, nace en San José el 7 de setiembre de 1886 y fallece el 29 de abril de 1965. Comenzó a estudiar fotografía a los 15 años de edad bajo la tutela del fotógrafo Harrison Nathaniel Rudd Woodard, neoyorquino que radicó en Costa Rica entre 1873 y 1913. En 1916 estableció su propio estudio fotográfico junto a la sala de cine Variedades en el centro de San José y en 1940 se trasladó al estudio para la clase obrera, barrio La California en San José. Se destacó por la calidad de su trabajo, así como por mostrar a la Costa Rica “labriega y sencilla”. En la historia de la fotografía costarricense, él representa a un ícono de la fotografía paisajista. Siguió los pasos de pioneros como el estadounidense Harrison Nathaniel Rudd y el colombiano Francisco Valiente, entre otros. Con una mirada precisa, él retrató la Costa Rica de la primera mitad del siglo XX y heredó grandiosas imágenes en las que se hallan paisajes, edificios, desastres naturales y los más diversos acontecimientos sociales, políticos, económicos y militares. Son memorables sus fotos del San José de antaño, de la tragedia del Virilla en 1926, de las giras de los presidentes de la República, del terremoto de Cartago de 1910 y hasta de las campañas políticas.
Claudia Sáenz Witting y su esposo Manuel Gómez Miralles. (Fotografía Fraser Pirie)
Su trabajo de fotógrafo por más de cincuenta años es un valioso aporte que conserva la memoria visual de una Costa Rica cambiante. Al ser el fotógrafo oficial de varios presidentes de la República, pudo recorrer y fotografiar el territorio nacional y sus gentes.
También brindó servicios de fotografía a domicilio y de proyección cinematográfica; en 1911 fundó un estudio fotográfico contiguo al Teatro Variedades, donde estuvo hasta 1940. Entre 1913 y 1915 realizó varios noticieros cinematográficos que se proyectaron en el Teatro Variedades y el Teatro Moderno.
Fue contratado en 1916 para tomar las 450 fotografías del Álbum Azul de Costa Rica, cuyo objetivo era promover al país y atraer inversión extranjera. La impresión, de excelente calidad, se realizó en Alemania, lo que le brindó prestigio profesional y constituye una de las obras más valiosas de la fotografía producidas en Costa Rica y en América Latina. En 1922 publicó el Álbum Costa Rica; América Central, que incluye 200 fotografías de los principales edificios públicos, templos, casas de comercio, parques y jardines públicos, residencias particulares, consulados, industrias nacionales, asilos y colegios, caminos y puentes, sitios pintorescos. Documentó, además, junto con Harrison Nathaniel Rudd, los sucesos del terremoto de Cartago en 1919. El archivo fotográfico de aproximadamente 70000 obras no fue incluido en sus testamentos, y posterior a su muerte fue vendido a un fotógrafo extranjero que deseo crear un museo con estos fondos, pero no obtuvo el financiamiento.
Su estudio estuvo ubicado en Avenida Central, Calle 5, contiguo al Teatro Variedades.
Publicidad del Estudio de Fotografía del señor Manuel Gómez Miralles
Fotografía publicada en La Tribuna
Algunas de sus fotografías:
Gracias don Manuel Gómez Miralles por dejarnos está bella herencia de la Costa Rica de antaño!
Referencias:
Costa Rica y su Historia.
Fotografías de Álbum Costa Rica, América Central 1922. Colección CIHAC
Las librerías son establecimientos comerciales que guardan una relación de gran importancia con la vida cultural de una ciudad. Especialmente, si tienen en el libro su principal artículo y están atendidas por vendedores entendidos en tan especial producto; y, además de ello, conocedores y capaces de asesorar a los lectores que acuden a ellas en busca de material para sus sueños.
Cuando esto último se da, las librerías suelen ser mucho más que un simple negocio, un lugar de reunión y discusión sobre toda clase de temas relacionados con la cultura, en su más amplio sentido.
Aquí les presento algunas de las primeras librerías de antaño de nuestro país. Si alguien sabe de alguna más solo dígamelo en los comentarios. Gracias. Algunas de las librerías no tienen enlace pues tengo poca información de ellas (continuo buscando información).
LIBRERÍA E IMPRENTA ROSOBA: Costado Sur del Colegio de Señoritas, San José. Está Librería ahora funciona solo como imprenta.
LIBRERÍA ACRÓPOLIS: Librería Acrópolis, ubicada 100 metros al sur de la antigua Embajada de Estados Unidos (hoy Edificio Luxform). Acrópolis era una librería que se ha caracterizado por tener un estilo «pueblerino», según menciona Florentino Molina Muñoz, su dueño.
Librería Acrópolis
LIBRERÍA PANAMERICANA:300 M Sur del antiguo Chelles, confluencia entre Avenida 4 y Paseo los Estudiantes.
LIBRERÍA NOBOA: Se ubicaba en Paseo de los Estudiantes.
LIBRERÍA DILIRESA:Ubicada al frente del entonces Restaurante Chale Suizo en Ave.3. Lo atendía una Joven y el propietario era un señor entrado en años. Sus publicaciones de la década de los 70s especialmente colecciones de Revistas de Casas Editoriales españolas. Cerraron sus puertas terminando la década de los 80´s. (Juan Frank Azofeifa González).
El pasado miércoles 29 de noviembre del presente fue la presentación del Calendario de ICOMOS del próximo año 2018.
Les cuento que la presentación fue muy enriquecedora pues tanto el señor Guillermo Barzuna como David Boza, ambos miembros de la Comisión Editorial hablaron sobre los estilos arquitectónicos que se se destacan en este bellísimo calendario.
Para los que desconocen que es ICOMOS les diré que es un organismo internacional no gubernamental (ONG), cuya misión en Costa Rica es velar por la preservación del patrimonio histórico-arquitectónico, cultural y natural de Costa Rica, así como por el estudio y la conservación de los monumentos, conjuntos, sitios, historia arquitectónica y cultural del país.
Si te encanta está bella tierra, puedes cooperar con está institución, comprando este calendario. Está de venta en las oficinas de ICOMOS (Calle 9, Avenida 4 bis y 6. Costado sur de la Iglesia La Soledad, Casa #914) Tel. 2256-7300/2233-6928.
A mis manos llegó este pequeño pero cautivador libro que nos lleva a un recorrido de un colombiano que estuvo con sus hijos por dos años en nuestra bella tierra de antaño. Cien por ciento recomendado para todos los costarricenses y para los que quieren saber más de nuestras raíces.
Un viaje a Costa Rica de 1879 a 1881 es el cuarto libro de esta colección. Con el trabajo compilatorio de Elías Zeledón Cartín, quien redescubre esta pequeña obra del viajero colombiano Manuel Sinisterra, La EUNED presenta un texto que describe la Costa Rica de inicios del gobierno de Tomás Guardia Gutiérrez, aspectos de la vida cotidiana de la San José de ese período, así como anécdotas en el Seminario Mayor de San José y algunos datos sobre la historia del «Himno Nacional de Costa Rica». Sin lugar a dudas, un interesante texto para quienes disfrutan de la literatura de viajes.
Miren que bello lo que me encontré por ahí. Me encantó esta historia de la vida real, está historia llena de nuestra gente, de nuestra tierra. Aquí les comparto!
Hoy amaneció lloviendo y a las 5 am ya estoy en pie, las capas están muy caras, entonces me envuelvo entre plásticos, buenas botas, un chonete que me cubra la ñata, cincha, canasto y ¡Manos a la obra! A ver cómo está el corte, cómo está la calle, si es que hay buenos copos o los mejores le tocaron al que lleva la calle de la par, para mi mala suerte. A ver cuántas cajuelas cojo hoy para poder ir al turno que hay en el pueblo y comprar un gallito para colaborar con algo.
El lechero en muchos casos también emprendía la tarea de ordeño, para luego hacer el traslado y la distribución de su producto casa a casa. Además, estos productores comercializan quesos elaborados artesanalmente y natilla. La profesión logró tal incremento que sólo en Coronado hay cerca de 100 lecheros que recolectan cada mañana la leche para distribuirla en las ciudades vecinas.
A principios del siglo XX, un texto de El Heraldo de Costa Rica titulado “El lechero”, brinda algunas simpáticas líneas sobre esta profesión y que al mismo tiempo reflejan como este personaje es parte de la vida diaria. De este modo dice entre otras cosas:
El lechero monta enbutido [sic] entre cuatro grandes tarros de hoja de lata, dos delante y dos detrás, y el montarse y el apearse, en medio de tales adminículos, requiero no poca destreza para no dar al traste con los trastos.
De dos maneras pueden abusar los lecheros: falseando las medias y bautizando la leche en alguno de los jordanes del camino. Por eso deben ser vigilados por la Policía de Higiene.
Este bucólico personaje tenía un modo especial de anunciarse frente a las puertas de las casas el silbido, sonoro, enérgico, estridente, inimitable. En definitiva, este imagen forma parte de la identidad y de los recuerdos de la niñez de miles de costarricenses.
La actividad del lechero se ha ido perdiendo al pasar del tiempo y el avance de la tecnología que ya no ocupa de las manos bruscas y a la vez suaves del lechero que con gran habilidad llenaban los baldes de leche espumosa y blanca, ahora conectan a la vaca a sistemas de ordeño automatizado…pues sí, así pasa el tiempo y todo cambia.
El presidente y militar guatemalteco Justo Rufino Barrios en su intento por consolidar la República Federal de Centro América y de constituirse en su presidente, inició una campaña militar invasiva en 1885, aliado con el entonces presidente de Honduras, en contra de la alianza conformada entre El Salvador, Nicaragua y Costa Rica que aprobaban la idea de la federación.
El entonces presidente costarricense, General Bernardo Soto Alfaro, como parte de sus preparativos para la guerra, creo la Cruz Roja Costarricense por medio del decreto No. 35 del 4 de abril de 1885. Sin embargo, el cuerpo de sanidad militar que amparaba dicho decreto nunca fue requerido porque el General Barrios fue abatido el 2 de abril en la ciudad salvadoreña de Chalchuapa, lo cual significó el fin de la guerra. El objetivo principal de su creación; una organización nacida para la guerra, pierde vigencia una vez desmovilizada la maquinaria bélica costarricense y porque según Ledesma (2005) citando a Blanco (1990), a ese momento la cuestión del auxilio mutuo y la atención de las víctimas de catástrofes se realizaba a través de Juntas de Socorro que se convocaban en particular por el Ejecutivo. En 1898, menciona Blanco (1990), con los intentos del presidente y militar nicaragüense José Santos Zelaya y sus aliados salvadoreños y hondureños por lograr la unión de los estados centroamericanos en la gran Patria Mayor, Costa Rica vuelve a prepararse para la guerra, reactiva la idea de la Cruz Roja como cuerpo de sanidad militar pero igual se desiste al fracasar la nueva iniciativa integracionista. A pesar de que ya se hablaba de la necesidad de poseer sistemas de respuesta permanentes para abordar estas cuestiones y no organismos ad-hoc, la idea de participación de la Cruz Roja como auxiliar de los poderes del estado en caso de catástrofes no fue posible sino hasta avanzado el siguiente siglo. Seguir leyendo Historia de la Benemérita Cruz Roja Costarricense.→
La casa fue construida al norte del cantón de Cañas en el año 1888, su estilo hacienda fue representativo de la época.
Para edificarla, los constructores utilizaron cedro y pochote. La levantaron cerca de almendros, tamarindos, higuerones y guanacastes para disfrutar de espacios frescos. La casona tiene amplios ventanales en forma de arcos labrados para darle a la construcción cierto aire europeo.
El voladizo (un corredor de cedro) es custodiado por barandales de tablones. Un arco de pequeñas tablillas sirve como entrada principal. Elaborar semejante pieza, sin duda alguna, fue laborioso. La clave (pieza de madera que le da firmeza al arco) tiene tallada una cruz, distintivo muy usual en esa época para librarse de malos augurios.
La casa tiene tres amplios cuartos y un techo piramidal cubierto por tejas. En el fondo, todavía en pie, el fogón de doña Pacífica parece que fue utilizado apenas ayer. Lo montaron sobre una mesa de madera y para que el fuego no lo consumiera, lo cubrieron con bahareque, piedras y arena. Esos elementos servían de aislante.
Las historias de las viejas haciendas guanacastecas siempre tienen un encanto particular. Podríamos sentarnos en una inmensa piedra debajo de árbol frondoso, cerrar los ojos en medio de la quietud del campo e imaginar la vida allí 80 años atrás, sin mayor ruido que el de los animales pastando y el correr del río a pocos metros. Un ambiente limpio, una quietud envidiable, una vida pacífica.
Pacífica Fernández Guardia, nacida en San José en 1864, era hija del presidente de la república Próspero Fernández Oreamuno y esposa del también presidente Bernardo Soto Alfaro. En 1888, su marido le regaló una hacienda en Guanacaste donde ella encontró refugio y descanso. Mandó construir una casona donde pasar largas temporadas y a su nueva propiedad la bautizaron “La Pacífica” en honor a la dueña.
La hacienda cuenta con más de 2000 hectáreas de extensión y se encuentra dentro de una de las pocas reservas privadas en el bosque tropical seco de Guanacaste, único en el mundo. Allí, entre los ríos Corobicí y Tenorio, sobre la carretera interamericana norte, entre las ciudades de Cañas y Bagaces, justo a cinco kilómetros de Cañas está el Hotel Hacienda La Pacífica, un lugar cuya arquitectura y ambiente rescatan ese legado centenario y lleno de historia de la hacienda. Hotel, restaurante, centro de eventos, hacienda productiva: La Pacífica lo tiene todo.