Costado Sur del Castillo Azul sobre Avenida Central. (Fotografía de Maritza Cartín E.)
El Castillo Azul es un edificio localizado en San José, Costa Rica. Es una de las cuatro edificaciones que pertenecen a la Asamblea Legislativa de Costa Rica y alberga la presidencia del congreso.
Se encuentra ubicado en Cuesta de Moras, entre Avenida Central y calle 17, sobre el bulevard Ricardo Jiménez Oreamuno.
A inicios de enero de 1816, en la Sala del Cabildo josefino, se tomó una importante decisión para la que entonces no pasaba de ser una aldea: se acordó construir el primer edificio destinado a la educación de su juventud. Previamente habíase levantado la lista de donantes para realizar la obra, entre quienes estaba el destacado presbítero Félix Velarde Umaña. Él había sido párroco de San José y era propietario del primer cafetal documentado en el país, cultivo que también había promovido entre los vecinos.
Además de ser uno de los principales contribuyentes, anota monseñor Sanabria: “En poder del padre Velarde estaba el dinero donado por el obispo, una imagen de Nuestra Señora del Carmen y un retablo para el oratorio” ( Datos cronológicos para la Historia Eclesiástica de Costa Rica ).
Aquí apreciamos la Iglesia Nuestra Señora de la Merced en todo su esplendor. A la derecha podemos observar la Catedral Metropolitana.
La Primera Iglesia de la Merced:
Esta primera iglesia surgió en 1816 por iniciativa de un grupo de vecinos de la villa de San José que deseaban erigir un oratorio dedicado a la Virgen de las Mercedes, patrona de la ciudad de Barcelona.
Los vecinos recolectaron de su propio bolsillo el dinero y edificaron un templo de adobes y tejas en un sitio cercano a la antigua Factoría de Tabacos de San José (ver siguiente fotografía).
1871 Otra hermosa fotografía de Costa Rica y su Historia.
Fotografía de la izquierda donde estuvieron los reservorios de agua. Fotografía de la derecha, reservorios de agua, Aranjuez, 1909.
Fuente de Moisés’, ubicada en el barrio Aranjuez, cerca del Hospital Rafael Ángel Calderón Guardia. La escultura se instaló en 1868. Fotografía: Maritza Cartín E.
Esta fuente muestra el pasaje bíblico de Moisés golpeando una roca de la cual brota agua para saciar la sed de un niño, el cual es resguardado por un ángel, dicho pasaje corresponde al Salmo CV (105), v. 41, de la Biblia Latinoamericana.
“…Abrió la roca y las aguas brotaron, y por la tierra seca corrían como ríos…”
Los problemas de abastecimiento y calidad seguían siendo significativos para la ciudad capital.
Es así como en 1858 el gobierno firmó un contrato con Guillermo Nanne y Francisco Kurtze para construir una tubería de hierro en San José. El contrato establecía la construcción de un tanque y filtros en un potrero propiedad de los sucesores de doña Petronila Castillos. Este tanque se construiría al lado del que ya tenía la Fábrica Nacional de Licores en Barrio Aranjuez, contiguo al actual Hospital Calderón Guardia.
La tubería madre sería de nueve pulgadas de diámetro y saldría rumbo oeste pasando por la calle La Laguna (actual Costado sur Parque España, antes denominado Plaza de la Fábrica), continuando siempre por lo que hoy es la avenida tercera hasta la iglesia del Carmen, doblando hacia el sur hasta la Plaza Principal (actual Parque Central) y de ahí doblando hacia el oeste por la calle del Presidente (actualmente la avenida 2ª) hasta topar con el Hospital San Juan de Dios.
Este proyecto no se logró llevar a cabo debido a un atraso en la disposición de los fondos para su ejecución. Pero queda claro los lineamientos generales que seguiría unos diez años más tarde la primera cañería de hierro de San José.
Lo cierto es que fue hasta 1865 que se empezó a construir el tanque de almacenamiento en el sitio anteriormente indicado. La cañería de hierro se inauguró el domingo 25 de octubre de 1868 y se terminó en 1869. Esta partía del tanque y distribuía el agua en el cuadrante de la ciudad, pero el trecho desde la toma hasta el tanque de almacenamiento continuó siendo una acequia proveniente del río Torres, como adelante se detallará, lo que provocaba condiciones sanitarias deficientes, como lo muestran los comentarios del Dr. Bansen en 1882.
Hoy en día se levanta una fuente en la entrada Oeste del Hospital Calderón Guardia, dando alusión a estos antiguos tanques de agua que abastecieron a nuestra capital de este preciado líquido, el agua.
Declarado patrimonio el 18 de mayo del 2004 bajo decreto #31789 MCJD, Gaceta #96.
Referencias:
-Fotografías de la Fuente de Maritza Cartín (Año 2016).
–Alvarado Rojas, Douglas D. Sinopsis Histórica de Abastecimiento de agua para la ciudad de San José. Agosto 2004.
El complejo arquitectónico de La Aduana no quiso quedarse en el pasado, pero tampoco perder su esencia histórica para transformarse en un centro cultural dedicado al arte y la tecnología.
Como un hito de la vida cultural y del cotilleo costarricense, queda la toma del entonces ministro de Cultura, Guido Sáenz, de la antigua Aduana hace siete años. El tremendo zafarrancho que armó no solo atrajo la atención de la prensa y el jolgorio de los vendedores ambulantes y los transeúntes, sino que también marcó el inicio de un proceso que desembocó con la actual restauración y rehabilitación de todo el complejo, los 14.625 metros cuadrados que conforman el nuevo Centro para las Artes y la Tecnología La Aduana, que agrupa a la antigua Aduana Principal, el nuevo Teatro de la Aduana y una Casa del Cuño transformada en Ciberartes.
Ubicado en Avenida Central, Calle 7 y 9 (donde hoy se encuentra el Hotel Balmoral) se levantó un hermoso edificio que se edificó para tener la función de uno de los mejores teatros de la época.
Historia:
Jacinto Roig Cors, un joven procedente de Barcelona, España llega a las costas del Caribe costarricense en 1884.
Muy pronto, el señor Roig se involucra en la vida social y comercial de Costa Rica, actuando como contratista y comerciante, y teniendo varios negocios, como la Cantina La Geisha, una de las cantinas de la época.
.
1910
Con ese dinero, más sus ahorros arduamente acumulados, pensó Roig aprovechar una crisis por la que atravesaba el teatro Variedades, para incursionar él también en el negocio teatral, al alza en la década de 1910.
Fue de esta manera como adquirió el lote esquinero al noreste del cruce de avenida Central y calle 7 –donde está el Hotel Balmoral– para iniciar las obras del futuro Teatro Roig.
Es así como inicia en 1914, con “precios económicos”, “grandes funciones cinematográficas”, “función diaria, excepto lunes”, “matiné los domingos y días festivos”, “sistema americano de permanencia voluntaria” … y, por último: a “precios de crisis aguda”.
1947
A la sazón, se presentaba en el Teatro Nacional, al frente de su “Compañía de Operetas Vienesas”, la diva mexicana Esperanza Iris (1884-1962), conocida como la “Emperatriz de la Gracia y Reina de la Opereta”, cuando el diario La República anunció que: “Hemos tenido noticia de que la eminente artista (…) está gestionando la compra del Teatro Roig, que una vez concluido será uno de los más bellos y amplios de la capital. Los detalles que actualmente se estudian son la suma que la señora Iris ofrece y la que el propietario (…) pide, entre las cuales hay una diferencia no muy notable (…).
“Confiamos en que las pequeñas diferencias se allanarán y que el hoy Teatro Roig, podrá dentro de poco ser el Teatro Esperanza Iris”.
Ahora, gracias a los investigadores mexicanos Sergio López y Julieta Rivas, sabemos que lo ofrecido por ella fue la entonces nada despreciable suma de $30.000 (Esperanza Iris. La tiple de hierro).
La diferencia entre oferta y demanda por el inmueble no fue mínima, lo que llevó a la transacción fallida del teatro que Roig tuvo que entregar a Arthur Wolf Boni por deudas.
1922 Fotografía de Manuel Gómez Miralles
Empresario maderero y constructor, Wolf había establecido aquí, en 1906, la National Lumber Company, empresa responsable de las obras del teatro, y con ella se tomó el resto del año para terminarlo. Por esa razón, todo indica que entre diciembre de 1914 y mediados de febrero de 1915, no hubo funciones en el Roig.
Cambiando de manos
Cuando volvió a la palestra urbana, tenía ya la modesta apariencia ecléctica que le conocemos por las viejas fotografías que de San José disponemos; aunque de su interior solo sabemos que era “amplio y cómodo” –como anotara el cronista teatral Fernando Borges–, pues poseía capacidad para unos 1.350 espectadores, y que era, “sin duda, el que reúne mejores condiciones después del Nacional”.
Anuncios del teatro mostrando sus distintos nombres, aparecidos en el diario ‘La Información’, de arriba abajo: el 3 de noviembre de 1914, el 16 de enero de 1916 y el 25 de marzo de 1916. (Andrés Fernández para LN.)
Ignoramos, además, quién lo diseñó, pero si por esa misma época el teatro Moderno (1913), el nuevo teatro Variedades (1917) y el teatro Apolo de Cartago (1917), fueron obra del versátil arquitecto catalán Luis Llach Llagostera (1883-1955); todo apunta a él como su artífice.
Para efecto de esta crónica, lo cierto es que, a partir de mediados de febrero de 1915, el teatro empezó a operarlo el señor Rafael Delcore, cuya empresa teatral “Delcore Company” manejaba ya el teatro Moderno. Además, la empresa era distribuidora de películas; por lo que aparte de las variedades usuales, el Roig proyectaba cintas a precios módicos también.
Así, fue ese empresario el que, para inaugurar en forma el teatro, trajo a la compañía italiana de ópera Cleo Vicini, troupe que hizo su debut el 17 de abril de 1915; tras lo cual permaneció aquí cerca de un mes. Como representante suyo, fue que vino al país Mario Urbini Casali (1885-1963), futuro e importante empresario teatral él mismo, como veremos.
En julio del mismo año, Delcore se convirtió en representante local de la Empresa Cinemas Teatros Limitada de Lima, Perú; lo que aumentó su capacidad como distribuidor cinematográfico, además de reforzar la actividad de los teatros a su cargo, claro está.
Empero, solo unos días después, anunciaba el señor Wolf su intención de negociar el teatro Roig con la empresa del Variedades, fuera por asociación, venta o arrendamiento; pero se impuso la segunda opción por poco más de sesenta mil colones. Fue cuando estalló la litis pendiente sobre aquel inmueble.
Horas antes de que Wolf lo traspasara, otro importante acreedor que tenía Jacinto Roig, presentó un embargo contra la misma propiedad, dejando en suspenso su venta. Por esa razón, el juez del caso nombró depositario del teatro a su arrendatario, y Roig se declaró en quiebra para que sus asuntos se arreglaran por la vía judicial.
Cambiando de nombre
Por fin, puesto a remate en noviembre de 1916, la empresa del Variedades obtuvo el teatro por la suma de ¢50.000. Sin embargo desconocemos por qué, en enero de 1916 este funcionó con el nombre de Teatro Alhambra, ya que para febrero era parte de aquella empresa y ya se llamaba América.
Ruinas dejadas por el Teatro América, tras el incendio del 12 de febrero de 1953. Fotografía de autor no determinado. (Andrés Fernández para LN.)
Por su parte, en 1917, Mario Urbini, quien representaba aquí a la empresa cinematográfica colombiana Di Doménico, formó junto al empresario Felipe J. Alvarado, la Empresa Teatral Urbini S. A. que pronto se hizo cargo de los teatros Variedades, América y Moderno. Fue a partir de entonces que el América despegó de veras, para entrar en la memoria social josefina.
Según el cronista Joaquín Vargas Coto: “Sirvió, para lo que los teatros sirven además de los espectáculos de entretenimiento para los que fueron creados. Desde su escenario se dijeron discursos, se dictaron conferencias, se regaron semillas de ideas y de ideales; manifestaciones políticas, recitales, veladas de arte y actos escolares, tuvieron lugar bajo su bóveda. (…)
“Su actualidad coruscante fue en los días del teatro lírico, cuando la zarzuela y la opereta arrebataban a nuestros públicos, o nos visitaban tonadilleras y bailarinas famosas. (…) De entonces a nuestros días ha habido claros y oscuros. Noches en que rebosaban de espectadores palcos, lunetas y galerías, y otras en que acudía a los labios la consabida frase: ¡aquí asustan!” (El incendio del teatro América).
Incendio del Teatro América:
Al inicio de la década de 1950, el América se dedicaba ya casi exclusivamente al cine, mientras que su vieja apariencia era sustituida por las líneas rectas de la arquitectura moderna de “estilo internacional”, aunque más por fuera que por dentro. Entonces, el jueves 12 de febrero de 1953, vino el desastre… y su histórico fin.
Era de mañana cuando las llamas empezaron en los alrededores del teatro, para poco después convertirse en un gran incendio que destruyó siete edificaciones más. Su mayor dramatismo se alcanzó cuando la fachada del América se derrumbó, trayéndose consigo al suelo la marquesina luminosa.
El trágico espectáculo fue contemplado por un público perplejo e impotente al que se sumó el mismo presidente de la República, y que en aquel momento pareció a la medida del coliseo que caía, tras cuatro décadas de vida, para abandonar así el escenario urbano capitalino.
Referencias:
El Artículo es del señor Andrés Fernández, Historiador. La Nación, Marzo, 2023.
El Morazán, lo que fue un pozo cenagoso se convirtió en un bello parque.
El 23 de abril de 1920, el periódico La Tribuna informaba que había terminado la demolición del quiosco del parque Morazán: “Ahora se trata de saber qué se hará allí: si el nuevo kiosco como se había pensado, un tanque de agua o se dejará el campo desocupado”.
Forma parte de un eje urbano que conecta el Parque Nacional con el Morazán a través del Paseo de las Damas, una de las principales avenidas de la capital costarricense.
1990’s Parque Morazán (Fotografía Jorge Salazar)
El Parque Morazán tuvo su origen en el decreto del 15 de setiembre de 1887, por medio del cual nuestro Gobierno dispuso rendir un homenaje a la memoria del general Francisco Morazán, ex Presidente de Centro América, y por poco tiempo, Jefe de Estado de Costa Rica durante 1842.
La identidad costarricense es el conjunto de signos y señas que a modo de tejido sinérgico definen la personalidad tica, el conjunto de rasgos singulares con que los costarricenses se sienten satisfechos y orgullosos que los caractericen, como sentimiento de empatía por su entorno natural, social y nacional. Los acontecimientos más notables de un pasado que se extiende por más de 10.000 años, acaban formando parte de la conciencia colectiva nacional.
Además del factor histórico, Costa Rica tiene un conjunto de elementos que lo definen: sus tradiciones, idiomas, gastronomía, héroes, leyendas, mitos, símbolos y todo aquello que está presente en lo cotidiano y es considerado genuino de la nación. Como dijo Jacques Le Goff «…en el punto de unión entre lo individual y lo colectivo, entre el tiempo de larga duración y el cotidiano, entre lo inconsciente y lo intencional, entre lo estructural y lo coyuntural, entre lo marginal y lo general.»
La rueda de carreta pintada, importante símbolo de identidad cultural de Costa Rica.
Desde sus orígenes hasta el mundo globalizado contemporáneo, los rasgos culturales de Costa Rica han sido marcados por su carácter ístmico como puente entre dos grandes masas continentales de gran poder biológico, económico y geopolítico, generando un punto de encuentro o una línea de paso de todo tipo de corrientes e influencias, generando el surrealista endemismo biológico y cultural que le caracteriza. No obstante, el istmo centroamericano en general y Costa Rica en lo particular, presentan áreas de desarrollo local muy antiguas, independientes del papel de receptor pasivo que el término de puente cultural puede invocar.
La cultura de Costa Rica es rica, reconocible y variada al tener influencias inicialmente de la cultura indígena y europea, posteriormente de la cultura afrocaribeña y asiática. Existen en el país tecnologías tradicionales, prácticas agrícolas, culturales y religiosas, y creencias, que conectan en los campos genético y cultural a la población actual con sus antepasados indígenas, europeos y africanos. Costa Rica es un país mestizo, multiétnico, multilingüe y pluricultural, en la que coexisten sistemas de comunicación social muy diversos que van desde el creol limonense hasta usos y costumbres de origen ibérico, pasando por culturas y formas de pensamiento tan disímiles como la china, la indígena o la menonita.
Con la formación de la Orquesta Sinfónica Juvenil las vocaciones afluyeron, y sobrevino la consolidación de la Orquesta Sinfónica Nacional. La danza parece ser una de las disciplinas más populares, y el teatro sigue su impulso de hace treinta años.
Sin embargo, Costa Rica presenta hoy en día una gran cantidad de venas artísticas entre las que se contempla la música, la danza y el baile, el teatro, el cine, la producción cinematográfica y televisiva, la plástica y las letras.
El Parque Central de San José es el espacio público más antiguo de la ciudad capitalina y el primero en recibir trabajos de ornato. Fue conocido durante el período colonial como Plaza Principal y en torno a él se han desarrollado actividades comerciales y sociales de gran importancia para el país. Por ejemplo, en 1837 existió en ese lugar una plaza mayor con un teatro de paja para ofrecer espectáculos, en los cuales cada quien debía llevar sus sillas.
El 12 de noviembre de 1848 fue izado en este sitio por primera vez nuestro actual Pabellón Nacional.
En el Parque Central se ha verificado por más de un siglo la tradicional retreta y misa de tropa los días domingos a cargo de la Banda de San José.
En la esquina suroeste de esa plaza murieron fusilados el general Francisco Morazán y Vicente Villaseñor, el 15 de setiembre de 1842.
El 19 de julio de 1885 la plaza se convirtió en parque con la siembra de árboles, la dotación de aceras y el trazado de veredas internas. Años después, en 1920, llegaron las bancas de cemento.
Luego, en 1944 en la administración de don Teodoro Picado (1944-1948) se construyó el actual quioscode estilo ecléctico y posteriormente se instaló en su sótano la Biblioteca Infantil Carmen Lyra.
Antiguo Kiosko del Parque Central
Este parque es muy importante en nuestra historia, en este sitio se recibió y confirmó el Ayuntamiento de San José, la Declaración de Independencia de Centroamérica en 1821, aquí encontrará una placa en memoria a ese evento tan importante.
Actualmente el parque es muy utilizado para eventos musicales, exposiciones, ventas o actividades recreativas de carácter público, y este está localizado en el centro de la ciudad para que usted pueda moverse fácilmente hacia otros atractivos cercanos.
Alberto Cañas nació el 16 de marzo de 1920 en San José. Su hermana le enseñó a leer a los tres años.
La primaria la realizó en el Edificio Metálico, la secundaria en el Liceo de Costa Rica, graduándose en 1937.
Estudió derecho en la UCR, y se graduó como abogado en 1944 con la tesis “Partidos políticos”. En 1944 entra a trabajar en el Diario de Costa Rica. Es de la misma generación de Rodrigo Facio, Carlos Monge, Gonzalo Facio, Jorge Rossi, Daniel Oduber, Hernán González, unido ideológicamente al grupo de intelectuales que después de la Revolución de 1948 cambiaron la fisonomía política costarricense.
Sus inquietudes sociales lo llevaron desde muy joven a formar parte del Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, y a participar en el periodismo. Fue director fundador del diario La República en 1950 y luego Director del periódico Excelsior.
En el campo político fue Embajador de Costa Rica en las Naciones Unidas de 1948-1949 durante la Carta de los Derechos Humanos y fue viceministro de Relaciones Exteriores en el período de 1955-1956, diputado por San José y jefe de fracción Parlamentaria de Liberación Nacional de 1962-1966. Además de 1970 a 1974, fue el primer Ministro de Cultura Juventud y Deportes. Fue de nuevo diputado en el período 1994-1998 y Presidente de la Asamblea Legislativa en 1994.
Fue el fundador de la Compañía Nacional de Teatro en 1971. Entre sus muchos cargos se encuentran ser profesor de teatro, de la Facultad de Ciencias y Letras, de la escuela de Ciencias de la Comunicación, de la cual fue además promotor y creador. Fue Presidente de la Asociación de Periodistas en 1952, Presidente de la Editorial Costa Rica desde 1960 y por varios años, Presidente de la Asociación de Escritores (1960-1961), Miembro de la Junta Directiva del Seguro Social en 1989, entre muchos otros.
Entre sus múltiples galardones se encuentran el Premio Magón de Cultura en 1976, el Premio García Monge y muchos Premios Aquileo Echeverría. Recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Estatal a Distancia y la condecoración “Comendador de la Orden de Liberación de España” en 1951, la “Gran Cruz de la Orden de Vasco Núñez de Balboa de Panamá” en 1957 y la condecoración “Stella della Solidarieda Italiana de la Classe”, 1959.
Recibió el premio Pio Víquez de Periodismo en el año 2012, en reconocimiento de su larga carrera como periodista. Se mantuvo activo como docente hasta su muerte.
Fue presidente y miembro permanente, junto con otras 20 personalidades literarias del país, de la Academia Costarricense de la Lengua de la que fue presidente; además, presentador del programa «Así es la cosa» en Radio Monumental junto con Fernando Durán y Álvaro Fernández y autor de la famosa columna periodística Chisporroteos, que duró más de 40 años tocando temas de actualidad nacional y haciéndole quedar como uno de los formadores de opinión más respetados del país.
Además, se desempeñó como profesor de la Universidad de Costa Rica en las carreras de la Facultad de Ciencias Sociales.
Es declarado por el Concejo Municipal de Montes de Oca, Hijo Predilecto del Cantón.-
Texto: Francisco Corrales Ulloa
Ilustraciones: E. Picado
La historia de Costa Rica no da inicio con la llegada de los españoles, sino mucho tiempo atrás. La evidencia recuperada hasta el momento indica que el territorio costarricense fue ocupado por los primeros grupos humanos alrededor de 12,000 años antes del presente. Desde esa épocak hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI, se dió un largo proceso de desarrollo en las diferentes regiones arqueológicas de Costa Rica.
Durante la primera mitad del siglo XIX, la voz coloquial para designar a un costarricense era «costarrica» (en plural, «los costarricas»), adjetivación gentilicia del nombre del país, Costa Rica. Según la tradición, la voz tico nació durante la Guerra centroamericana contra los filibusteros de William Walker (1856–1857), cuando los combatientes de los países aliados deCosta Rica advirtieron que los soldados costarricenses tenían la particularidad de utilizar a menudo el morfema diminutivo reduplicado {-ic}, para sustituir las terminaciones -ito o -ita, de manera que era más frecuente escuchar en boca de los costarricenses patico, chiquitico, gatico en vez de ‘patito’, ‘chiquitito’, ‘gatito’, etc. En particular, los costarricenses se referían a sus compatriotas hablando de los hermaniticos, que era una forma afectuosa de los hermanitos. Aunque en el español estándar existe, de manera facultativa, el sufijo {-ic} para los diminutivos reduplicados o como sufijo diminutivo para las raíces terminadas en /-t/ (como pato), en el habla costarricense éste se utiliza también como cariñativo, es decir, como un morfemaque denota valor afectivo.
El apodo se generalizó e incluso dio origen al topónimo Tiquicia, con el que los costarricenses designan coloquialmente a su país. El uso del diminutivo {-ic} no es exclusivo de Costa Rica: también es utilizado en regiones de República Dominicana,Colombia, El Salvador, Cuba, Venezuela y en la misma España, sobre todo en Aragón, donde es el diminutivo característico, y en Navarra, Murcia y Andalucía. Sin embargo su distribución fonológica puede ser ligeramente distinta.