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La Estación del inhalámbrico

Plano de la fachada de la Casa del Inalámbrico, 1923 (Archivo Nacional)

El progreso de las comunicaciones telegráficas en el mundo dependía ineludiblemente, de la posibilidad donde el servicio pudiera trascender la unión de distintos puntos a través de líneas; a un sistema que recurriera a las ondas de radio. La nueva modalidad implicaba la comunicación sin hilos cablegráficos, y la simplificación a aparatos receptores y transmisores.

Desde 1914 empezó a cobrar fuerza en nuestro país, el interés por las comunicaciones de este tipo, cuando el profesor José Fidel Tristán, realizó los primeros ensayos en el Liceo de Costa Rica, como parte de una serie de inquietudes científicas, que deseaba promover entre sus alumnos. a inicios de la década de 1920, ya existía comunicación inalámbrica entre el Liceo de Costa Rica, la escuela Normal, el Seminario diocesano y los periódicos Diario de Costa Rica, La opinión y La tribuna.

El 10 de abril de 1920, el Gobierno de la República decidió, en vista de la trascendencia futura de las comunicaciones, emitir el decreto Nº 34 que señalaba a la telegrafía y la telefonía inalámbrica, como servicios de utilidad pública, que debían estar en calidad de monopolio estatal. De seguido se promulgó la ley Nº 39 del 16 de Julio de 1920, que estableció la urgente necesidad de contar, con un eficiente servicio de comunicación dentro del país e internacional. El argumento dado a favor de su instalación, hacía hincapié en la obtención pronta y oportuna, de noticias e información relativa al comercio, la industria y las relaciones sociales. Para tal efecto se autorizaba al Poder ejecutivo la inversión de ¢250.000, para la compra e instalación, de una estación telegráfica o radiotelefónica con potencia suficiente como para obtener comunicación con el resto del mundo. El 5 de Mayo de 1921, para hacer efectivo el decreto de instalación, se firmó un contrato con los ingenieros Ricardo Pacheco Lara y José Joaquín Carranza Volio. Ellos, además de dirigir la construcción, debían hacerse cargo del mantenimiento de las instalaciones, que terminaron por construirse en la comunidad de Paraíso de Cartago. De igual manera, el 18 de octubre de 1921, el gobierno de la República de México, presidido por Álvaro Obregón dispuso, generosamente donar a nuestro país el equipo, para instalar otra estación inalámbrica. Acto seguido, el 28 de Junio de 1922, en la dirección General de telégrafos, se decidió conformar una comisión integrada por José Fidel Tristán, Agustín Sagot y Manuel Vázquez con el objetivo de, escoger el sitio donde instalar la estación. Entre los lugares que se habló estuvieron: San Antonio de Desamparados, la calle que conduce a Zapote cerca del Río Ocloro, las inmediaciones de la Aduana Central o las vecindades del Hospicio de Incurables.

Un nuevo decreto del 8 de Septiembre de 1923, autorizaba al Poder ejecutivo, la ampliación del presupuesto en ¢125.100 para que se colocaran cuatro nuevas estaciones radiográficas: las dos primeras en el Pozo y Puerto Jiménez del cantón de Osa, la tercera en Sixaola del cantón de Talamanca y la cuarta en San José. La que se emplazaría en la capital, correspondía a la donada por México, y se eligió como punto de instalación finalmente el Llano de La Sabana. No obstante, se argumentó, que se debía tener el cuidado, que la estación radiográfica no alterara ni entorpeciera la expansión y el recreo de los deportistas y visitantes, que asiduamente concurrían al Llano; según lo establecido en la ley de protección del Llano de la Sabana Nº 151 del 16 de agosto de 1923.

El sitio preciso que se escogió, para la construcción del edificio de la estación Inalámbrica de La Sabana se ubicó, frente al costado Noreste del estadio Nacional, dando a la calle interna que conducía a Escazú y que se hallaba pavimentada (era una prolongación del actual Paseo Colón). asimismo, el 9 de Septiembre, un día después de emitido el decreto, el rotativo Diario de Costa Rica anunciaba, que el Subdirector General de telégrafos Agustín Sagot, había logrado el beneplácito del gobierno para que se abriera anexa a la estación del inalámbrico una oficina telegráfica y postal.

En los talleres de obras Públicas, se elaboraron las torres del inalámbrico, de acuerdo con las indicaciones técnicas suministradas, por los ingenieros mexicanos G. Reuthe y Luis Sánchez, quienes vinieron al país para tal efecto, y en similar misión a la desempeñada en varios países de américa. Para el mes de octubre de 1923, ya en La Sabana se estaban construyendo los anclajes que sostendrían las torres.

Construcción de la Casa del Inalámbrico, 1923 (Archivo Nacional)

El 20 de Noviembre de 1923, se dispuso otorgar la construcción de la casona, que serviría de oficinas al empresario Fernando Doninelli Pozzi, según contrato autorizado por Fernando Cabezas Zaldívar, en su calidad de director General de obras Públicas. entre las condiciones más relevantes se establecía, que las paredes de la casona serían de bahareque, la armadura de las estructuras, cielo raso, puertas y ventanas de maderas de buena calidad (cenízaro, pochote y cedro amargo) y la cubierta de teja. de acuerdo con la adjudicación, las obras deberían estar listas para el 1 de Febrero de 1924, cuando se fijó el costo en ¢26.500.00. el 21 de Septiembre de 1925, se le reconocieron a Doninelli ¢5.800.00 adicionales, al argumentarse pérdidas por alza de jornales y precio de materiales; con motivo de los terremotos de Marzo de 1924.

El 9 de enero de 1925, año y tres meses después que se instalaron las basas y las torres de transmisión, se acordó su reubicación, alegándose que en el futuro podrían estorbar el aterrizaje de aviones. La disposición se tomó, ante la inminencia de que el Llano empezara a ser utilizado como posible campo de aterrizaje. Situación que en realidad ocurrió, a partir de la década de 1930. Para la ejecución de las labores de extracción de las basas y de reubicación de las torres, se firmó un contrato con la empresa de José María Sancho, por valor de ¢3.820.00. La negociación establecía, la remoción de 13 basas enterradas a una profundidad de 8 metros, elaboradas en concreto y con un peso no menor a 2.000 kilos cada una.

Desde el punto de vista operacional, la estación del Inalámbrico de La Sabana, empezó a brindar servicios de comunicación hacia México y al resto de Centro América; sirviendo asimismo, como central para la red nacional.

A pesar que las torres del inalámbrico fueron reubicadas, hacia la parte Sur del Llano, para prever y permitir el aterrizaje de aviones en la parte Norte, este hecho no sería suficiente para sobrevivir. El ocaso de la estación se daría a mediados de la década de 1930, cuando por decreto del 15 de abril de 1936, se derogó el permiso de funcionamiento en el sitio y se ordenó el desmontaje de las torres, anclajes y demás construcciones levantadas en el Llano de Mata Redonda, con excepción del Estadio Nacional. La medida también supuso la eliminación del Bosque de los Niños, ante la inminencia de la construcción de la pista trasversal del nuevo Aeropuerto Internacional de La Sabana. Sin embargo, la casona aún cuando dejó de funcionar como oficinas del inalámbrico, lograría perdurar hasta el presente.

La casona olvidada
A partir de la década de 1940, y por espacio de casi veinte años, el uso principal del Llano de La Sabana estuvo ligado al Aeropuerto Internacional. Pese a ello, la casona del antiguo inalámbrico no fue demolida; se empleó en algunas labores de poca importancia, tal como bodega o casa de habitación del guarda del estadio Nacional.

Actual estado de la Casa del Inalámbrico, año 2005 (Fotografía de Carlos Ml. Zamora)

Referencias:

Carlos Manuel Zamora Hernández. La Sabana. Ministerio de Cultura y Juventud.

Los cinco rostros de lo que hoy día es el Teatro Melico Salazar…!


Ubicado en Avenida Segunda, entre Calle Central y Calle 2.

Pasamos tantas veces por la mencionada esquina Noreste del Parque Central, donde se erije el elegante edificio del Teatro Mélico Salazar. Pero quizás nunca nos preguntamos la historia de dicha esquina famosa…famosa porque en ese terreno hubo historia…historia de nuestra Costa Rica de antaño. Disfruten la historia…

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Antiguo Edificio Arena…ayer y hoy!

Antiguo Edificio Arena, 1920 es hoy el Edificio Benett. Ubicado en Avenida 3 y 5, Calle 5, a un costado del Parque Morazán.

El edificio Arena muestra los frutos del éxito de la burguesía comercial en San José. Así se admiraba el edificio, pero también a los “hombres” que estaban detrás de ellos, en este caso el banquero Jaime Bennett, dueño del inmueble, que era un rico y conocido capitalista extranjero, miembro de la burguesía.

Referencias:

Fotografia antigua tomada de Fotos Antiguas de C.R., página en Facebook.

Montaje de fotografía por Maritza Cartin.

Sastrería y Tienda Mainieri Aronne…su historia!

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En la planta inferior del Edificio del Diario Costa Rica abrieron la Tienda Aronne & Mainnieri ubicada sobre Avenida Central.

En los años 30, el pequeño pueblo italiano de Morano tenía una realidad descarnada: o se vivía de la agricultura o se moría de hambre. Y era una situación allende a Morano, era general en toda Italia.

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Don Luis Mainieri a sus 93 años. (Fotografía del 2007)

Luis Mainieri Aronne era de los que no querían morir. A Costa Rica llegó con un equipaje de ilusiones, $12 dólares en el bolsillo y una deuda de más de ¢1.000 colones, pues un tío le prestó el dinero del viaje, pero había que pagarle.

forcostarica.org fotojuntin Antiguo tranvia de San Jose Avenida Cental Calle central 1931 el tranvia frente al congreso Izqueirda Mainieri Aronne Derecha Tienda Aimerich
Avenida Central Calle central 1931 el tranvía frente al Congreso. Izquierda Mainieri Aronne Derecha Tienda Aymerich

Este familiar tenía en San José la famosa sastrería Delcore Aronne y allí fue donde le dio espacio al joven Luis para que trabajara. Por ¢5 colones diarios tenía que pasar muchas horas frente a tijeras, telas, hilos y agujas.

Pasaron los meses y logró ahorrar lo suficiente para hacer casa aparte. Compró una cantina llamada La Unión en el Paseo de los Estudiantes y se dedicó a atenderla. Vendía a ¢15 centavos el trago con la boca, y al final del día terminaba agotado.

Los tiempos de guerra llegaron. En julio de 1942 en el muelle de Limón, un barco fue supuestamente atacado por un submarino alemán. La reacción en el interior del país no se hizo esperar en contra de los extranjeros cuyos países peleaban junto a los alemanes.

Sastrería, 1933

“Una turba saqueó mi bar y casi lo destruyó”, contaba don Luis. La muchedumbre enardecida se llevó todo lo que pudo, pero nadie se dio cuenta que detrás del aparato de radio, Mainieri guardaba una alcancía con sus ahorros. Con ellos reparó la cantina y la vendió en 3300 colones, para luego volver a su oficio, la sastrería.

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Local sobre Avenida Central

Fue cuando nació la tienda Aronne Mainieri, que fundó con un compatriota suyo, Luis Aronne Mainieri, quien aunque curiosamente tenía sus mismos apellidos pero en diferente orden, no era de la misma familia. La sastrería estaba en los bajos del Diario Costa Rica.

En 1962, cuando demolieron el edificio del Diario Costa Rica, don Luigi alquiló a la librería Universal el local donde esta tienda había iniciado el negocio, es decir, en frente del actual edificio en la Avenida Central.

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Es ahí donde se ubicó Mainieri Aronne, aunque poco a poco don Luigi fue agregándole otras propiedades aledañas, en la avenida central, las cuales alquila actualmente a otras empresas.

Luego el socio se retiró y la tienda tomó el nombre que hasta hoy lleva: Mainieri Aronne.

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La Tienda Mainierie Arone estuvo en Avenida Central por 71 años cerró este local en junio del 2014 para trasladarse a Curridabat.

Junio de 2014

Cierran el local ubicado sobre la Avenida Central, que albergó a la marca desde la década de 1960.

Abril 2015

Inauguran el nuevo establecimiento de la tienda que se ubica al frente de Plaza Freses en Curridabat.

Referencias:

  • De buen Corte. Suplemento Dominical, La Nación
  • Rodolfo González Ulloa, El Financiero. 22 enero 2007.
  • Fotografías de Internet.