El complejo arquitectónico de La Aduana no quiso quedarse en el pasado, pero tampoco perder su esencia histórica para transformarse en un centro cultural dedicado al arte y la tecnología.
Como un hito de la vida cultural y del cotilleo costarricense, queda la toma del entonces ministro de Cultura, Guido Sáenz, de la antigua Aduana hace siete años. El tremendo zafarrancho que armó no solo atrajo la atención de la prensa y el jolgorio de los vendedores ambulantes y los transeúntes, sino que también marcó el inicio de un proceso que desembocó con la actual restauración y rehabilitación de todo el complejo, los 14.625 metros cuadrados que conforman el nuevo Centro para las Artes y la Tecnología La Aduana, que agrupa a la antigua Aduana Principal, el nuevo Teatro de la Aduana y una Casa del Cuño transformada en Ciberartes.
Ubicado en Avenida Central, Calle 7 y 9 (donde hoy se encuentra el Hotel Balmoral) se levantó un hermoso edificio que se edificó para tener la función de uno de los mejores teatros de la época.
Historia:
Jacinto Roig Cors, un joven procedente de Barcelona, España llega a las costas del Caribe costarricense en 1884.
Muy pronto, el señor Roig se involucra en la vida social y comercial de Costa Rica, actuando como contratista y comerciante, y teniendo varios negocios, como la Cantina La Geisha, una de las cantinas de la época.
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1910
Con ese dinero, más sus ahorros arduamente acumulados, pensó Roig aprovechar una crisis por la que atravesaba el teatro Variedades, para incursionar él también en el negocio teatral, al alza en la década de 1910.
Fue de esta manera como adquirió el lote esquinero al noreste del cruce de avenida Central y calle 7 –donde está el Hotel Balmoral– para iniciar las obras del futuro Teatro Roig.
Es así como inicia en 1914, con “precios económicos”, “grandes funciones cinematográficas”, “función diaria, excepto lunes”, “matiné los domingos y días festivos”, “sistema americano de permanencia voluntaria” … y, por último: a “precios de crisis aguda”.
1947
A la sazón, se presentaba en el Teatro Nacional, al frente de su “Compañía de Operetas Vienesas”, la diva mexicana Esperanza Iris (1884-1962), conocida como la “Emperatriz de la Gracia y Reina de la Opereta”, cuando el diario La República anunció que: “Hemos tenido noticia de que la eminente artista (…) está gestionando la compra del Teatro Roig, que una vez concluido será uno de los más bellos y amplios de la capital. Los detalles que actualmente se estudian son la suma que la señora Iris ofrece y la que el propietario (…) pide, entre las cuales hay una diferencia no muy notable (…).
“Confiamos en que las pequeñas diferencias se allanarán y que el hoy Teatro Roig, podrá dentro de poco ser el Teatro Esperanza Iris”.
Ahora, gracias a los investigadores mexicanos Sergio López y Julieta Rivas, sabemos que lo ofrecido por ella fue la entonces nada despreciable suma de $30.000 (Esperanza Iris. La tiple de hierro).
La diferencia entre oferta y demanda por el inmueble no fue mínima, lo que llevó a la transacción fallida del teatro que Roig tuvo que entregar a Arthur Wolf Boni por deudas.
1922 Fotografía de Manuel Gómez Miralles
Empresario maderero y constructor, Wolf había establecido aquí, en 1906, la National Lumber Company, empresa responsable de las obras del teatro, y con ella se tomó el resto del año para terminarlo. Por esa razón, todo indica que entre diciembre de 1914 y mediados de febrero de 1915, no hubo funciones en el Roig.
Cambiando de manos
Cuando volvió a la palestra urbana, tenía ya la modesta apariencia ecléctica que le conocemos por las viejas fotografías que de San José disponemos; aunque de su interior solo sabemos que era “amplio y cómodo” –como anotara el cronista teatral Fernando Borges–, pues poseía capacidad para unos 1.350 espectadores, y que era, “sin duda, el que reúne mejores condiciones después del Nacional”.
Anuncios del teatro mostrando sus distintos nombres, aparecidos en el diario ‘La Información’, de arriba abajo: el 3 de noviembre de 1914, el 16 de enero de 1916 y el 25 de marzo de 1916. (Andrés Fernández para LN.)
Ignoramos, además, quién lo diseñó, pero si por esa misma época el teatro Moderno (1913), el nuevo teatro Variedades (1917) y el teatro Apolo de Cartago (1917), fueron obra del versátil arquitecto catalán Luis Llach Llagostera (1883-1955); todo apunta a él como su artífice.
Para efecto de esta crónica, lo cierto es que, a partir de mediados de febrero de 1915, el teatro empezó a operarlo el señor Rafael Delcore, cuya empresa teatral “Delcore Company” manejaba ya el teatro Moderno. Además, la empresa era distribuidora de películas; por lo que aparte de las variedades usuales, el Roig proyectaba cintas a precios módicos también.
Así, fue ese empresario el que, para inaugurar en forma el teatro, trajo a la compañía italiana de ópera Cleo Vicini, troupe que hizo su debut el 17 de abril de 1915; tras lo cual permaneció aquí cerca de un mes. Como representante suyo, fue que vino al país Mario Urbini Casali (1885-1963), futuro e importante empresario teatral él mismo, como veremos.
En julio del mismo año, Delcore se convirtió en representante local de la Empresa Cinemas Teatros Limitada de Lima, Perú; lo que aumentó su capacidad como distribuidor cinematográfico, además de reforzar la actividad de los teatros a su cargo, claro está.
Empero, solo unos días después, anunciaba el señor Wolf su intención de negociar el teatro Roig con la empresa del Variedades, fuera por asociación, venta o arrendamiento; pero se impuso la segunda opción por poco más de sesenta mil colones. Fue cuando estalló la litis pendiente sobre aquel inmueble.
Horas antes de que Wolf lo traspasara, otro importante acreedor que tenía Jacinto Roig, presentó un embargo contra la misma propiedad, dejando en suspenso su venta. Por esa razón, el juez del caso nombró depositario del teatro a su arrendatario, y Roig se declaró en quiebra para que sus asuntos se arreglaran por la vía judicial.
Cambiando de nombre
Por fin, puesto a remate en noviembre de 1916, la empresa del Variedades obtuvo el teatro por la suma de ¢50.000. Sin embargo desconocemos por qué, en enero de 1916 este funcionó con el nombre de Teatro Alhambra, ya que para febrero era parte de aquella empresa y ya se llamaba América.
Ruinas dejadas por el Teatro América, tras el incendio del 12 de febrero de 1953. Fotografía de autor no determinado. (Andrés Fernández para LN.)
Por su parte, en 1917, Mario Urbini, quien representaba aquí a la empresa cinematográfica colombiana Di Doménico, formó junto al empresario Felipe J. Alvarado, la Empresa Teatral Urbini S. A. que pronto se hizo cargo de los teatros Variedades, América y Moderno. Fue a partir de entonces que el América despegó de veras, para entrar en la memoria social josefina.
Según el cronista Joaquín Vargas Coto: “Sirvió, para lo que los teatros sirven además de los espectáculos de entretenimiento para los que fueron creados. Desde su escenario se dijeron discursos, se dictaron conferencias, se regaron semillas de ideas y de ideales; manifestaciones políticas, recitales, veladas de arte y actos escolares, tuvieron lugar bajo su bóveda. (…)
“Su actualidad coruscante fue en los días del teatro lírico, cuando la zarzuela y la opereta arrebataban a nuestros públicos, o nos visitaban tonadilleras y bailarinas famosas. (…) De entonces a nuestros días ha habido claros y oscuros. Noches en que rebosaban de espectadores palcos, lunetas y galerías, y otras en que acudía a los labios la consabida frase: ¡aquí asustan!” (El incendio del teatro América).
Incendio del Teatro América:
Al inicio de la década de 1950, el América se dedicaba ya casi exclusivamente al cine, mientras que su vieja apariencia era sustituida por las líneas rectas de la arquitectura moderna de “estilo internacional”, aunque más por fuera que por dentro. Entonces, el jueves 12 de febrero de 1953, vino el desastre… y su histórico fin.
Era de mañana cuando las llamas empezaron en los alrededores del teatro, para poco después convertirse en un gran incendio que destruyó siete edificaciones más. Su mayor dramatismo se alcanzó cuando la fachada del América se derrumbó, trayéndose consigo al suelo la marquesina luminosa.
El trágico espectáculo fue contemplado por un público perplejo e impotente al que se sumó el mismo presidente de la República, y que en aquel momento pareció a la medida del coliseo que caía, tras cuatro décadas de vida, para abandonar así el escenario urbano capitalino.
Referencias:
El Artículo es del señor Andrés Fernández, Historiador. La Nación, Marzo, 2023.
El Morazán, lo que fue un pozo cenagoso se convirtió en un bello parque.
El 23 de abril de 1920, el periódico La Tribuna informaba que había terminado la demolición del quiosco del parque Morazán: “Ahora se trata de saber qué se hará allí: si el nuevo kiosco como se había pensado, un tanque de agua o se dejará el campo desocupado”.
Forma parte de un eje urbano que conecta el Parque Nacional con el Morazán a través del Paseo de las Damas, una de las principales avenidas de la capital costarricense.
1990’s Parque Morazán (Fotografía Jorge Salazar)
El Parque Morazán tuvo su origen en el decreto del 15 de setiembre de 1887, por medio del cual nuestro Gobierno dispuso rendir un homenaje a la memoria del general Francisco Morazán, ex Presidente de Centro América, y por poco tiempo, Jefe de Estado de Costa Rica durante 1842.
El Parque Central de San José es el espacio público más antiguo de la ciudad capitalina y el primero en recibir trabajos de ornato. Fue conocido durante el período colonial como Plaza Principal y en torno a él se han desarrollado actividades comerciales y sociales de gran importancia para el país. Por ejemplo, en 1837 existió en ese lugar una plaza mayor con un teatro de paja para ofrecer espectáculos, en los cuales cada quien debía llevar sus sillas.
El 12 de noviembre de 1848 fue izado en este sitio por primera vez nuestro actual Pabellón Nacional.
En el Parque Central se ha verificado por más de un siglo la tradicional retreta y misa de tropa los días domingos a cargo de la Banda de San José.
En la esquina suroeste de esa plaza murieron fusilados el general Francisco Morazán y Vicente Villaseñor, el 15 de setiembre de 1842.
El 19 de julio de 1885 la plaza se convirtió en parque con la siembra de árboles, la dotación de aceras y el trazado de veredas internas. Años después, en 1920, llegaron las bancas de cemento.
Luego, en 1944 en la administración de don Teodoro Picado (1944-1948) se construyó el actual quioscode estilo ecléctico y posteriormente se instaló en su sótano la Biblioteca Infantil Carmen Lyra.
Antiguo Kiosko del Parque Central
Este parque es muy importante en nuestra historia, en este sitio se recibió y confirmó el Ayuntamiento de San José, la Declaración de Independencia de Centroamérica en 1821, aquí encontrará una placa en memoria a ese evento tan importante.
Actualmente el parque es muy utilizado para eventos musicales, exposiciones, ventas o actividades recreativas de carácter público, y este está localizado en el centro de la ciudad para que usted pueda moverse fácilmente hacia otros atractivos cercanos.
Se ubicaba al costado este de Plaza González Viquez, frente a las actuales piscinas de la Plaza González Víquez.
Este Cine abrió sus puertas en los años 1950´s y junto alCine Idealque se encontraba a pocos metros uno del otro, dieron gran auge a la zona y los miles de costarricenses que por muchos años se sentaron a disfrutar de las películas que se exhibían en aquellos tiempos.
La vieja Catedral de San José, vista desde la Plaza Principal (Parque Central). Reproducción de un grabado en metal. José Ramón Páez, 1855.
Se construyó como condición para que San José fuera titulada como ciudad por parte de la Corte Española. Su construcción duró dos años empezando en 1825 a cargo de Eusebio Rodríguez y veintitrés años después, cuando el Monseñor Anselmo Llorente fue declarado obispo (1850) la iglesia recibió el título de catedral.
1922-Casa Amarilla y a la izquierda se puede ver el Consulado de Cuba (hoy INS). Fotografía de Gómez Miralles.
La Casa Amarilla es un edificio localizado en la ciudad de San José, capital de Costa Rica.
Es la actual sede del Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país. Ubicada en el distrito de El Carmen, en la intersección entre avenida 7 y calle 11, San José.
Es un inmueble de arquitectura neocolonial con decorados neobarrocos, construido en 1920 por el arquitecto estadounidense Henry D. Whitfield, con el propósito de que dicho edificio fuera la sede la Corte Centroamericana de Justicia.
Considerado vestigio fundamental de la herencia urbana costarricense, fue declarado Monumento Nacional el 17 de septiembre de 1976 y es patrimonio histórico-arquitectónico de Costa Rica.
San José centro pierde uno de sus íconos comerciales: la tienda Mainieri Aronne cierra sus puertas en el local donde ha estado desde hace 71 años, en plena Avenida Central.
La tienda -que vende ropa y accesorios- de poco más de 400 metros cuadrados está en sus últimos días y está vendiendo la última mercadería que le queda disponible, con una serie de rebajas y ofertas.
Diana Mainieri, una de sus responsables, aseguró que hay nostalgia por dejar el punto que fundaron sus antecesores, pero que el cierre obedece a varios factores.
Entre ellos mencionó el traslado de la tienda al este de la capital, en Curridabat; la reducción en la afluencia de sus clientes tradicionales y en que los encargados de la tienda quieren dedicar más tiempo a sus familiares.
Sobre el segundo punto, Mainieri indicó que desde hace año y medio la tienda decidió salir a la calle para ofrecer un servicio “más personalizado” en oficinas y centros educativos, y con la nueva ubicación -que abrirán en cuestión de ocho meses- podrán reforzar este servicio.
Y esto responde al hecho, añadió, de que muchos de sus clientes ya no entran al centro josefino al considerarlo congestionado, con pocos parqueos disponibles y con problemas de seguridad, aunque reconoce que en esta materia la capital es más segura que antes.
Mainieri Aronne sigue a otras tiendas o negocios que cerraron sus puertas en el centro josefino. La Esmeralda (bar y restaurante), El Palacio de los Palacios (ropa), El Palacio del Pantalón, El Globo (tienda por departamentos), La Dama Elegante, La Perla (cafetería) y Soda Palace, entre otros.
Aún así, el centro capitalino alberga otros negocios que se niegan a abandonarlo, como La Gloria (tienda por departamentos), Feoli (tienda especializada en ropa y accesorios para hombre), Scaglietti (ropa para hombre y mujer), Universal (tienda por departamentos), Simón, Tienda La Ópera (telas y trajes a la medida) y Mundo de Juguetes.
CRhoy.com/Noticias 24/7 Sergio Arce Junio 15, 2014
La Iglesia de Nuestra Señora de la Soledad se localiza en la ciudad de San José, al centro de Costa Rica. Fue construida a mediados del siglo XIX e incorporada al Patrimonio Histórico y Arquitectónico del país el 8 de diciembre de 1999.
Edificio ubicado en Barrio González Lahmann, año 1940
Historia Universidad de C.R.
En 1843, cuando se firma el decreto que transformó la Casa de Enseñanza de Santo Tomás en una universidad, se comenzaron a gestar los orígenes de la Universidad de Costa Rica.
A finales del siglo XIX Costa Rica era un país oligárquico y liberal; por este motivo sus políticas centraron su atención solamente en la instrucción primaria; tanto, que, después de 45 años de funcionamiento, en el año 1888, se decretó el cierre de la Universidad de Santo Tomás. Este mismo decreto estableció la creación de las escuelas superiores de Derecho y Notariado, de Medicina y de Ingeniería. Más adelante fueron creadas las escuelas de Farmacia y la de Bellas Artes, ambas en 1897.
A partir de 1890 la educación superior del país estuvo representada por las escuelas profesionales y facultades que funcionaron bajo la dirección de los colegios profesionales respectivos, debido a la ausencia de una entidad superior que las agrupara. En las primeras décadas del siglo XX surgieron propuestas para crear una universidad, pero la política reinante del país lo impidió. Es hasta la década de 1940, en una coyuntura de reformismo en Costa Rica, en la que Luis Demetrio Tinoco figura como una de las principales personas que impulsó la creación inmediata la Universidad de Costa Rica. Así, bajo el gobierno de Rafael Ángel Calderón Guardia, mediante la ley N° 362, se crea oficialmente la Universidad de Costa Rica y nace como una institución docente y de cultura superior.
La Casa Matute Gómez fue construida a finales de la década de 1920, por encargo del Dr. Ricardo Moreno Cañas, reconocido médico en el país. La segunda persona en habitar la reconocida vivienda fue el venezolano, Santos Matute Gómez, quien había tenido que abandonar su país para refugiarse en Costa Rica, debido a la caída del gobierno dictatorial de su medio hermano, Juan Vicente Gómez.
Esta foto, parte de la colección de Manuel Gómez Miralles, muestra la soda La Eureka, en Heredia. Fue tomada a mediados de la década de 1910. (Foto: Propiedad del Museo Nacional/La Nación).
En esta segunda parte, les vamos a hablar sobre el porqué del cambio de nombre de la calle 9 por el de Paseo de los Estudiantes.
Según los historiadores, “Paseo de los Estudiantes” fue el nombre que se le dio a la calle 9 al sur de San José, como reconocimiento al valor demostrado por los estudiantes del Liceo de Costa Rica, el Colegio Superior de Señoritas y el Colegio Seminario.
En “gesta histórica” del año 1919, aquellos jóvenes estudiantes, que hasta ese momento se habían mantenido al margen de lo que sucedía políticamente en su país, se lanzaron a las calles en la lucha por la libertad y la democracia de Costa Rica.
Las tribunas, protestas y manifestaciones se realizaron en la calle 9 y la plazoleta frente a la iglesia de La Soledad, esta fue el área geográfica que constituyó el ámbito de acción.
Desde aquí, estudiantes, docentes y obreros se unieron, en una serie de hechos políticos transcendentales, hasta la caída de Federico Tinoco Granados (1917-1919), última dictadura en Costa Rica. Por lo que el Paseo de los Estudiantes es parte de nuestra herencia patrimonial y una de las expresiones la cultura nacional.
Por ello, en diciembre del año 1934, el gobierno de la república y por iniciativa de la Municipalidad de San José, premió a los estudiantes que se habían destacado en pro de la libertad y la democracia en Costa Rica. A saber, el Colegio Superior de Señoritas, el Liceo de Costa Rica y el Colegio Seminario.
Después de varios actos cívicos, se bautizó la calle 9 con el nombre de Paseo de los Estudiantes. (Publicado en la Memoria Municipal de 1936-1938).
En las últimas semanas, hemos escuchado a diferentes sectores de la sociedad civil sobre la construcción del “barrio chino”, precisamente en el histórico Paseo de los Estudiantes.
Creemos que el futuro de Costa Rica depende en buena parte de la actitud que resuelvan tener sus habitantes.
Independientemente de nuestras posiciones ideológicas, sabemos que una de las principales consecuencias de la globalización es sobre la cultura nacional, que nos ha sido legada por nuestros antepasados y que nos ha permitido forjar una idiosincrasia que nos caracteriza como país.
Ya los trabajos para la construcción de dicho “bulevar chino” se iniciaron, pero conscientes de nuestra responsabilidad en este campo entendemos que el Paseo de los Estudiantes es una evidencia material del pasado que nos permite conocer un proceso político de dolor y muerte que vivió nuestro país en el siglo pasado. Disfrutamos un país libre y democrático, gracias a nuestra estirpe y entre esta los estudiantes de tres colegios josefinos, como hemos visto anteriormente.
El Paseo de los Estudiantes no es una calle simplemente para “pasear” sino que forma parte de la memoria colectiva y ocupa un lugar especial en el fortalecimiento de la herencia histórico- cultural de nuestro pueblo.
Desde ese punto de vista, no se justifica eliminar el nombre “Paseo de los Estudiantes”, que es parte de nuestro patrimonio histórico urbano, y sustituirlo por una simple “placa histórica” que vendría a desdibujar hechos trascendentales como los descritos anteriormente.
Referencias:
Carlos Monge Alfaro. Historia de Costa Rica, p. 275.