Archivo de la categoría: CULTURA COSTARRICENSE

Las Mascaradas en Costa Rica

Cuántos de niños no fuimos perseguidos por uno de estos personajes típicos enmascarados, el diablo, la calavera, la giganta….y quizás hasta nos dieron con el famoso chilillo que llevaban. Parece que fue ayer donde por la ventana de mi casa yo veía cómo perseguían a mis hermanos mayores y mi corazón palpitaba con emoción y susto.  Gratos y emocionantes recuerdos. Es por eso que aquí les dejo la historia de las famosas mascaradas de la Costa Rica de antaño.

La mascarada popular de tradición colonial tuvo un resurgimiento en el país, en La Puebla de los Pardos de Cartago, en la misma época en la que se construyó el Teatro Nacional de Costa Rica y en la que se fundó la Escuela Nacional de Bellas Artes, a finales del siglo XIX. El contraste de esta manifestación cultural festiva, carnavalesca y satírica callejera con la opulencia del nuevo teatro josefino, símbolo de modernidad, progreso y europeización, es una de las numerosas muestras de la rica diversidad y complejidad de la historia de la cultura y del arte costarricense.

 

Las primeras mascaradas latinoamericanas coloniales fueron traídas de España, donde se conocen como “Gigantes y cabezudos”, que tienen su origen en la vida popular de la Europa medieval.

 

Al llegar a América, la tradición fue ramificándose, poco a poco, en distintas variantes regionales, gracias al sincretismo o mestizaje cultural, ya que el uso de máscaras en festejos y rituales también fue un rasgo propio de muchas culturas prehispánicas.

Trazo veloz. Los Payasos Santa Cruz , de José Pablo Ureña.
Trazo veloz. Los Payasos Santa Cruz , de José Pablo Ureña.

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Moda y Sociedad en Cartago en los siglos XIX e inicios del XX.

 Les comparto este interesante artículo que me encontré sobre la moda y sociedad en Cartago. Este artículo nos ilustra como era ese tiempo en la sociedad cartaginesa, su moda y sus actividades sociales. Disfrutenlo.

En el proceso de modernización, tanto de carácter infraestructural como cultural que experimentó la ciudad de Cartago a mediados del siglo XIX y los albores del siglo XX, la ropa se convirtió en un símbolo de distinción y de estatus. Para las élites, no sólo importaba decorar con lujo el hogar o comportarse de una manera determinada, sino también vestirse apropiadamente para cada ocasión.

La manera de exhibir los diseños de moda, ajuares, pañolones o chales bordados, de parte de la elite cartaginesa, era asistiendo a eventos o actividades de tipo religioso (Semana Santa, Año Nuevo, Pascua de Reyes o fiestas patronales), rezos, bautizos, casamientos, bailes (de familia o en los salones del Palacio Municipal), picnics (en la hacienda El Molino), conciertos y veladas artísticas o posando ante la lente del fotógrafo. Las fotografías de los miembros de la élite, por ejemplo las de la familia Pirie, resaltan visualmente la idea de poderío económico y social, evidente, entre otros aspectos, por la ropa que usaban.

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Familia Pirie, Cartago

Crónicas literarias y relatos de viajeros hicieron mucho énfasis en la calidad de los trajes que las damas y los caballeros lucían para dichos eventos sociales. Seguir leyendo Moda y Sociedad en Cartago en los siglos XIX e inicios del XX.

La vela de un angelito.

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Estaré compartiendo con ustedes estas bellas Concherías de nuestra tierra, la Costa Rica de Antaño. Espero que les guste.

Trata del velorio de un niño pequeño, comparado con un ángel. Todos los invitados celebran, bailan, comen y beben por montones; celebrando a la propia vida.

Apenas el rezador
pone fin a lo que reza,
cuando sale a relucir
la hidrópica botijuela. Seguir leyendo La vela de un angelito.

Templo Católico Santa Ana, San José, 1851-1900.

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Fotografía, Fotopaises.com

En l870, se inició la construcción del templo católico. Fue don Ezequiel de Jesús Morales quien sintió la necesidad del pueblo de Santa Ana de levantar un templo y cimentar el pensamiento religioso como rector moral. Pasando a la acción don Matías Robles regala la tierra. Don Ramón Pérez diseño y dirigió la construcción que a partir del 19 de marzo de 1870 creció hasta terminarse el 1880. En 1884 llegan las primeras imágenes, y por encargo de don Ezequiel de Jesús Morales.

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Y aquello era una fiesta!

Cualquiera que haya hecho ese viaje a bordo del tren al Atlántico, más conocido bajo el seudónimo de “El Pachuco” (para los ferrocarrileros el Nº 101), concordarán en que hablo de una experiencia inolvidable, llena de colorido y folclor.

Por que no solo un medio tranquilo y oportuno de transporte, no, con él llegaba la vida a los pueblos.

La gente usaba su mejor traje (el de “dominguera” que llamaban) para viajar e incluso salir a verlo pasar. Desde muy temprano se levantaba a los chiquillos, se les daba el desayuno, que por lo general era “burrita” con huevo frito, tal vez plátano o banano, la cosa era que quedara lleno, para que no quedara pidiendo “cochinadas de camino”, después se le vestía y peinaba con bastante “glostora” para controlarle el pelo rebelde, no sin antes sermonearlo o advertirle, so pena de un cosco, que cuidara de no ensuciarse, ni andarse “encaramando” en todo lado, ni andar pidiendo porque “no se anda plata” y mucho menos ponerse a jugar en el coche, en síntesis: “Va a andar sosega’o”. Una vez amonestado, se sacaba al “querubín” a mirar aquel pueblo ambulante entre los coches azules.

Ya desde que los vecinos lo veían a uno “catrineado” le soltaban la pregunta “Aja vecina ¿vade paseo? Y casi siempre la respuesta era menos emotiva: “No que va, mandaditos”.

En cada estación era lo mismo, ir y venir de gentes (y “gentecillas”) apuradas para tomar el tren o para recibir algo o alguien. No faltaban las tristes despedidas también, tal vez del hijo que dejaba el terruño para estudiar o trabajar allá en “la capital”, o enamorados que por una u otra razón se alejaban con un beso en la grada del balcón y una lágrima. Los solitarios, aburridos miraban, quizá con nostalgia, por las grandes ventanas todo aquel movimiento.

Una de las estaciones más bellas y dinámicas, era la de Siquirres, “la ventana del Caribe”, para los capitalinos.

Allí siempre estaban sus negros hablando a voz fuerte en inglés, mientras cargaban cacao en los vagones, siempre audibles entre el ruidoso gentío, los grotescos escapes del tren al detenerse y la campanilla de patio que encendía la locomotora.

Otros, que sabían hacerse oír, eran sus comerciantes de alimentos tradicionales, quienes con ingeniosos estribillos publicitarios captaban la atención. ¿Quién no recuerda a una señora bajita y gorda, con un delantal blanco y limpio que se paseaba con una enorme palangana de aluminio gritando: “pescado, bofe chicharrones”? ¿O aquel negro corpulento de caminar ligero que vendía  (y aún vende) “pati” cerrando sus frases con un silbido fuerte y rítmico? Si, ese que decía “llévelo, rico, caliente el pati de Lay”. Silbaba y volvía con: “pruébelo, delicioso con chile, pati de Lay”.

Igual podríamos memorar a la negra que con una tina grande sobre la cabeza a la usanza africana, ofrecía “pan_bon y cocadas”, al negro flaco que traía cajetas de coco sobre las hojas de naranjo y melcochitas blancas con franjas rojas, al popular “Boli” (diminutivo de Bolívar) quien se ganaba la vida con sus deliciosos copos y granizados, entre otros que aprovechaban los minutos que permanecía el tren para no solo hacer  sus “centavitos”, sino también culturizar con sus platillos a los viajeros, que ya esperaban esa cálida bienvenida de aquel pueblo alegre, que con cariño nombraban “La Siquiera”.

Muy lamentablemente “El Pachuco” ya no recorre las venas de hierro de la provincia. Su pito lejano que encendía la algarabía se ahogó entre excusas burocráticas y provecho de algunos pocos, para “consuelo de tontos”.

Más su inmenso legado y bellos recuerdos, esos no nos abandonarán nunca.

 Referencias:

  • Cuentos y leyendas, anécdotas e historias de Vida. Provincia de Limón, editado por Yanory Álvarez Masís, del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural, Certamen de Tradiciones Costarricenses, 2008

Fiestas Navideñas a la Tica…su historia

Las fiestas josefinas son parte integral del fin año en Costa Rica. Este tiempo sin tope, fiestas, tamales y muchas actividades más propias de la época es como que si se le quitara “sal y pimienta” a los festejos o se dejara a los costarricenses sin algo en sus costumbres.

Pero ¿se ha cuestionado por qué se dan? ¿De dónde viene la costumbre? ¿Hay algo dentro de todo esto que sea puramente nacional?

Según el historiador Vladimir de la Cruz, la herencia cultural es la que marca la procedencia de estas costumbres, como el portal, los toros, el tope, los “mantudos” (aquellas figuras altas y cabezonas que muchos llamaron payasos en los festejos) y hasta el “juego de gallos”.

Todo esto entre Navidad y el fin de año, esa época en que solo se piensa en celebrar, pues (para la tradición cristiana) se celebra el nacimiento de Jesucristo y, por supuesto, porque se debe despedir el año viejo y dar la bienvenida al año nuevo.

 LOS ORÍGENES

 “Desde que los colonizadores llegaron a América, sus tradiciones y sus costumbres poco a poco se fueron incorporando al quehacer de estas tierra y una de las épocas más esperadas era la Navidad…”, escribe la página de Facebook de “Costa Rica y su Historia”, como el detonante de todo lo que hoy se conoce como los Festejos Populares de San José.

Entonces, el grueso de las celebraciones se centraba en la Navidad y, poco a poco, se fue introduciendo a esas fiestas una prolongación que llegaría hasta el fin y principio de año. Esto le dio al nacional algo más que celebrar, algo más en qué distraerse, para olvidar lo dura que era la vida en la Costa Rica poscolonial, pues, contrario al nombre del país, era una tierra pobre. Así, para encontrar la riqueza, se debía trabajar prácticamente de sol a sol, para lograr el “cinco” que permitiría los pequeñísimos lujos que se quisieran dar.

Estas celebraciones, según el historiador Vladimir de la Cruz, se establecieron como herencia de los colonizadores españoles.

“Son tradiciones culturales que se han fomentado en Costa Rica desde hace muchos años, hay fotografías que muestran actividades festivas alrededor del parque Morazán fundamentalmente, ahí se concentraban estas. La población del país era pequeña y en ese sentido se debe entender que tampoco eran actividades masivas como lo son hoy”, dice.

Esas fotografías que datan del amanecer del siglo XX, dan pistas de desde hace cuanto tiempo se practican estas costumbres.

Esas fiestas en el Morazán, las cuales contaban con “corridas a la tica”, comidas, chinamos de distintas índoles, luego pasaron a Plaza González Víquez y terminaron donde hoy se encuentran: en la explanada de Zapote.

“En el Morazán, había corridas, otras prácticas de juegos, chinamos, comidas, etcétera. Después, se hizo una plaza de toros por el actual Hospital de Niños, que se llamó la Plaza Solera; esta era casi permanente. Luego se pasó a Plaza Víquez y después a Zapote”, comenta De la Cruz.

Esas fiestas, además, tienen su origen en los turnos de los pueblos.

“Los turnos fueron primero, porque eran más de la localidad, las Fiestas Populares fueron apareciendo conforme fue creciendo la población. Los turnos eran más propios de las comunidades pequeñas y siguen siéndolo”, añadió el historiador.

Esos turnos llegan a aparecer por influencia de las iglesias, pues los utilizaban para las celebraciones de santos y patronos de cada una de las localidades donde se efectuaban.

El nombre “Turno” proviene de la decisión que se tomó para regularizar ese festejo y que no se dieran dos o más a la vez, pues cada parroquia tenía su turno para realizarlo.

 TOPES, COMIDAS Y GALLOS

 “Las actividades de toros y topes vienen por tradición española. Los topes eran normal que se hicieran, pues la sociedad era agrícola-ganadera fundamentalmente, hasta 1960 predominaba esta actividad en todo el país”, manifiesta Vladimir de la Cruz.

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El historiador comenta el porqué de este tipo de actividades, además de celebrar la época y tener un día especial para la sociedad costarricense: “Entonces era costumbre hacer una serie de actividades que estaban muy vinculadas al caballaje, la ganadería. Los topes se daban por motivo de encuentro, de ir a encontrar cosas, de encontrarse a la gente exhibiendo sus caballos, mientras se aprovechaba para hacer algunas actividades de tipo popular objetivas, alrededor de esa movilización que terminaba en ‘Turnos’, con comidas típicas y juegos.

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Mucho de esto no solo se hacía para la Navidad y Año Nuevo, sino para las festividades de los santos de las comunidades, o las fiestas populares propiamente dichas”, señala.

 EL CARNAVAL

 El Carnaval, que este año fue suspendido porque el Ministerio de Seguridad Pública no pudo garantizar la seguridad de los asistentes, es la única festividad que no es herencia colonial o española, pues, según Vladimir de la Cruz, este es una aproximación a los carnavales en otros países, en los cuales se celebraban las cosechas.

“El carnaval para nosotros es algo más moderno, pues en algunos países tiene una tradición histórica, porque es también un período de fiestas que se hace generalmente para la celebración de las cosechas y ese tipo de cosas”, comenta.

Según el historiador, en Costa Rica la tradición carnavalesca no proviene de las cosechas, sino que se incorporó como uso cultural.

“Era cuando la gente se desbordaba en lo que se llama carnaval. En Costa Rica, no viene por la tradición de las cosechas, sino como prácticas de uso cultural, casi impuestas, porque se celebra en otros países. Muchos de estos carnavales tienen asociación con la producción, por eso, se llevan a cabo, en su mayoría, a finales de febrero en otras naciones”.

Estas son las tradiciones que dejan los Festejos Populares de San José, los cuales, como se señaló, arrancan con la celebración de la Navidad y concluyen con el advenimiento del Nuevo Año. Además, no restan importancia a la máxima fiesta del cristianismo: el nacimiento de Jesucristo.

 EL PASITO

 Por eso, la tradición del portal, pasito, pesebre o nacimiento no puede quedar por fuera, pues, como dice Vladimir de la Cruz, en su época “hasta concursos del pasito más bello se hacían”.

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Así, el historiador (q.d.D.g) Luis Ferrero, en su libro, “La Navidad en Costa Rica” (EUNED, 2003), dice: “La preparación del pasito costarricense ha sido una actividad familiar, donde cada pieza es ordenada para la contemplación. El portal debe cargarse de aromas y colores, los frutos y las flores son colocados frecuentemente al pie del nacimiento. También, se acostumbraba sembrar en latas o frascos de vidrio granos de maíz, linaza, alpiste, frijoles y otras semillas que simbolizaban las fuerzas genésicas de la naturaleza” (pág. 16). Así, los pasitos de los costarricenses en nada se asemejan a los paisajes de las tierras áridas donde nació Jesucristo.

Valga acá hacer mención del que se construía todos los años en Calles 12 y 14, hoy el Paso de la Vaca. Comenta Vladimir de la Cruz que ahí se hacia uno portal de figuras grandes, entre las cuales se colocaba una vaca, de ahí el nombre con que se conoce ese sitio.

Después, vino la contradicción navideña. Esta se evidencia con la copia del árbol, la adopción de Santa Claus y el paso a segundo plano de El Niño Dios. Además, se da la aparición de “simil-nieve” en las casas, cuando todos saben cómo eran los parajes en Jerusalén, si relación alguna con esas costumbres.

Referencias:

La Prensa Libre, Jorge Sancho, Diciembre 2017.

Corridas de toros en C.R…. sus orígenes!

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Siempre buscando aprender algo nuevo y por estas épocas de Navidad y fin de año, pensamos cómo se originó este asunto de los toros a la tica, las corridas de toros en diferentes provincias, etc. Es por eso que me encontré este artículo que nos lleva a las corridas de toros de antaño…

ORÍGENES

Es innegable el legado cultural dejado por la Corona Española en muchas costumbres y tradiciones de la Costa Rica actual. Tal es el caso de las corridas de toros que se realizaron en la provincia de Costa Rica, a partir del siglo XVII, y en conmemoración con el advenimiento de un nuevo Rey y/o el nacimiento de Infantes nobles.

Cuando el Rey Luis I –Príncipe de Austria– asumió el trono de la Corona Española, por la renuncia de Felipe V, al efecto se emitió una Real Cédula para todas las Provincias del Reino dirigida al Gobernador y Capitán General de cada Provincia y éste la expandía hacia el Sargento Mayor, Tenientes de Gobernador, Jueces de Campo, Cabildos y Escribanos. Seguir leyendo Corridas de toros en C.R…. sus orígenes!

Plaza de la Cultura, San José, 1975.

Plaza de la Cultura1
Fotografía aérea de la Plaza de la Cultura (Fotografía sitio web del Salvador)

Historia del Edificio Plaza de la Cultura

Ubicada entre Avenida Central y Avenida Segunda.

En la tercera parte del siglo XX, la ciudad de San José tuvo un crecimiento arquitectónico y demográfico tan importante que el espacio para sus habitantes fue ocupado por edificios, autobuses y automóviles. A raíz de esto, diversos personajes de la esfera cultural empezaron a evidenciar la necesidad de darle a la ciudad espacios públicos que mejoraran la calidad de vida de los visitantes de la capital.

1982 Plaza de la Cultura.
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Escena campesina de nuestros antepasados guanacastecos.

Remembranza

Ésta es una escena típica de los guanacastecos de antaño, cuando nuestros abuelos vivían en los campos rodeados del transporte de aquella época.

Tiempos que en la actualidad cuesta observarlos en la pampa guanacasteca, porque nuestras tradiciones y cultura han ido desapareciendo poco a poco…

Lo que queda en estos tiempos es recordar de cómo vivieron nuestros abuelos, era una época dorada.

Diario Digital El Independiente. Edgar Cantón 

Manuel Gómez Miralles, Fotógrafo…biografía.

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A la derecha Manuel Gómez Miralles.

Quiero compartir con ustedes la biografía de un gran hombre que tuvo la habilidad de capturar aquellos momentos en el tiempo de una Costa Rica de antaño. Un esfuerzo y gusto exquisito por la fotografía y por dejar un legado en la historia de nuestro bello país. Me refiero al señor Manuel Gómez Miralles.

Manuel Gómez Miralles Considerado “el gran cronista gráfico de Costa Rica”, así como uno de los padres del foto-periodismo en el país, nace en San José el 7 de setiembre de 1886 y fallece el 29 de abril de 1965. Comenzó a estudiar fotografía a los 15 años de edad bajo la tutela del fotógrafo Harrison Nathaniel Rudd Woodard, neoyorquino que radicó en Costa Rica entre 1873 y 1913. En 1916 estableció su propio estudio fotográfico junto a la sala de cine Variedades en el centro de San José y en 1940 se trasladó al estudio para la clase obrera, barrio La California en San José. Se destacó por la calidad de su trabajo, así como por mostrar a la Costa Rica “labriega y sencilla”. En la historia de la fotografía costarricense, él representa a un ícono de la fotografía paisajista. Siguió los pasos de pioneros como el estadounidense Harrison Nathaniel Rudd y el colombiano Francisco Valiente, entre otros. Con una mirada precisa, él retrató la Costa Rica de la primera mitad del siglo XX y heredó grandiosas imágenes en las que se hallan paisajes, edificios, desastres naturales y los más diversos acontecimientos sociales, políticos, económicos y militares. Son memorables sus fotos del San José de antaño, de la tragedia del Virilla en 1926, de las giras de los presidentes de la República, del terremoto de Cartago de 1910 y hasta de las campañas políticas.

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Claudia Sáenz Witting y su esposo Manuel Gómez Miralles. (Fotografía Fraser Pirie)

Su trabajo de fotógrafo por más de cincuenta años es un valioso aporte que conserva la memoria visual de una Costa Rica cambiante. Al ser el fotógrafo oficial de varios presidentes de la República, pudo recorrer y fotografiar el territorio nacional y sus gentes.

También brindó servicios de fotografía a domicilio y de proyección cinematográfica; en 1911 fundó un estudio fotográ­fico contiguo al Teatro Varie­dades, donde estuvo hasta 1940.  Entre 1913 y 1915 realizó varios noticieros cinematográficos que se proyectaron en el Teatro Variedades y el Teatro Moderno.

Fue contratado en 1916 para tomar las 450 fotografías del Álbum Azul de Costa Rica, cuyo objetivo era promover al país y atraer inversión extranjera. La impresión, de excelente calidad, se realizó en Alemania, lo que le brindó prestigio profesional y constituye una de las obras más valiosas de la fotografía producidas en Costa Rica y en América Latina. En 1922 publicó el  Álbum Costa Rica; América Central, que incluye 200 fotografías de los principales edificios públicos, templos, casas de comercio, parques y jar­dines públicos, residencias particulares, consulados, industrias nacionales, asilos y colegios, caminos y puentes, sitios pintorescos. Documentó, además, junto con Harrison Nathaniel Rudd, los sucesos del terremoto de Cartago en 1919. El archivo fotográfico de aproximadamente 70000 obras no fue incluido en sus testamentos, y posterior a su muerte fue vendido a un fotógrafo extranjero que deseo crear un museo con estos fondos, pero no obtuvo el financiamiento.

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Su estudio estuvo ubicado en Avenida Central, Calle 5, contiguo al Teatro Variedades.
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Publicidad del Estudio de Fotografía del señor Manuel Gómez Miralles
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Fotografía publicada en La Tribuna

Algunas de sus fotografías:

Gracias don Manuel Gómez Miralles por dejarnos está bella herencia de la Costa Rica de antaño!

Referencias:

Costa Rica y su Historia.

Fotografías de  Álbum Costa Rica, América Central 1922. Colección CIHAC

LIBRERÍAS DE ANTAÑO EN SAN JOSÉ

Las librerías son establecimientos comerciales que guardan una relación de gran importancia con la vida cultural de una ciudad. Especialmente, si tienen en el libro su principal artículo y están atendidas por vendedores entendidos en tan especial producto; y, además de ello, conocedores y capaces de asesorar a los lectores que acuden a ellas en busca de material para sus sueños.

Cuando esto último se da, las librerías suelen ser mucho más que un simple negocio, un lugar de reunión y discusión sobre toda clase de temas relacionados con la cultura, en su más amplio sentido.

Aquí les presento algunas de las primeras librerías de antaño de nuestro país. Si alguien sabe de alguna más solo dígamelo en los comentarios. Gracias. Algunas de las librerías no tienen enlace pues tengo poca información de ellas (continuo buscando información).

LIBRERÍA ESPAÑOLA: (ver enlace).

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Librería Española de María viuda de Lines, en avenida central y calle 1. Edificio de clara estética neoclásica.

Librería y Papelería de Iglesias Hermanos: Década de 1900’s

Revista Pandemónium, 1902.

Librería Padrón & Pujol: 1900’s

LIBRERÍA E IMPRENTA Y PAPELERÍA TREJOS HERMANOS: (ver enlace).

Repositorio de Fortografías del CIHAC
Librería Trejos, 1922.

LIBRERÍA LEHMANN: (ver enlace)

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Librería Lehmann, Avenida Central

LIBRERÍA UNIVERSAL: ( ver enlace).

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Librería Universal, Avenida Central

LIBRERÍA E IMPRENTA ALSINA:

Costa Rica en Imágenes: Comercio y Diversión

LIBRERÍA LÓPEZ: (ver enlace).

LIBRERIA LOPEZ,HOY PLAZA DE LA CULTURA,SAN JOSE,1970'S.

Librería López, hoy Plaza de la Cultura, Avenida Central, 1970´s.

LIBRERÍA E IMPRENTA SAUTER: (ver enlace).

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Librería e Imprenta Sauter
LIBRERÍA ERIAL:
Librería El Erial

LIBRERÍA VALERÍN & CO.:

LIBRERÍA E IMPRENTA SOLERA:

LA CASA DE LAS REVISTAS: Importada revistas y su propietario el señor Eleazar Calvo Brenes. Ubicada contiguo al Teatro Variedades en San José.

1940-Guía de los Comercios.

LIBRERÍA EL SALVACIONISTA:

1977 Fotografía Jorge Salazar, Fotos Antiguas de C.R.
1970. Fotografía de Jorge Arturo Vindas.

Dicha librería se encontraba ubicada diagonal al Colegio de Señoritas en avenida 6 y calle 3 esquina sur oeste.

LIBRERÍA CATÓLICA FIDES, SAN JOSE: Ubicada en Avenida 4, Calle 1, San José.

Librería Católica Fides, San José.

LIBRERÍA E IMPRENTA ROSOBA: Costado Sur del Colegio de Señoritas, San José. Está Librería ahora funciona solo como imprenta.

LIBRERÍA ACRÓPOLIS: Librería Acrópolis, ubicada 100 metros al sur de la antigua Embajada de Estados Unidos (hoy Edificio Luxform). Acrópolis era una librería que se ha caracterizado por tener un estilo «pueblerino», según menciona Florentino Molina Muñoz, su dueño.

Librería Acrópolis

LIBRERÍA PANAMERICANA: 300 M Sur del antiguo Chelles, confluencia entre Avenida 4 y Paseo los Estudiantes.

LIBRERÍA NOBOA: Se ubicaba en Paseo de los Estudiantes.

LIBRERÍA DILIRESA: Ubicada al frente del entonces Restaurante Chale Suizo en Ave.3. Lo atendía una Joven y el propietario era un señor entrado en años. Sus publicaciones de la década de los 70s especialmente colecciones de Revistas de Casas Editoriales españolas. Cerraron sus puertas terminando la década de los 80´s. (Juan Frank Azofeifa González).

LIBRERÍA-IMPRENTA TORMO:

Librería Tormo propiedad de Jaime Tormo Ortiz ubicada frente al Correo en San José 1916 (M.G.Miralles)

Referencias:

Fotografías de Internet

Hugo Mora Poltronieri, La Nación. 2 de noviembre, 2021.

Periódicos antiguos de Costa Rica.

Investigación de Mi CR de Antaño.

En el cafetal, una historia de la vida real…una historia muy tica. ¡Vale la pena leerla!

Miren que bello lo que me encontré por ahí. Me encantó esta historia de la vida real, está historia llena de nuestra gente, de nuestra tierra. Aquí les comparto!
En el cafetal, una historia de la vida real…una historia muy tica. ¡Vale la pena leerla!

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María Adela Eulalia Gargollo Freer, biografía, 1866-1947.

María Adela Eulalia Gorgollo Freer nace un 10 de febrero de 1866 en San Carlos, Alajuela, Costa Rica. Sus padres fueron Luis Gargollo y Dolores Freer Escalante. Fue conocida también como «Itilla».

A la edad de veinte años se casa con el General don Lesmes Jiménez Bonnefil, Arquitecto y Militar, con quien además de tener una gran familia de ocho hijos, deciden abrir una pequeña Fábrica de Ladrillos de mosaicos y derivados de cemento.

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Historia de la Biblioteca Nacional de Costa Rica, Miguel Obregón Lizano, San José.

1910

La Biblioteca Nacional de Costa Rica se fundó mediante un acuerdo el 13 de octubre de 1888, durante el gobierno de Ramón Bernardo Soto Alfaro, hacendado, comerciante, abogado, militar y político liberal costarricense, quien fuera el 15º Presidente de la República de Costa Rica.

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Teatro Ideal, San José, 1924.

1925. A la izquierda podemos ver la Plaza González Víquez, al fondo el Liceo de Costa Rica y a la derecha el Teatro Ideal cuando aún era de madera. (Fotografía de Carlos Salazar).

Ubicado  en  Avenida 18, Calles 11 y 13 (al Costado Norte de Plaza González Víquez) 

El Teatro Ideal abrió sus puertas al público costarricense en el año 1924; por muchos años fue una edificación de madera (como se nota en la fotografía superior).

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